Sin baches no hay paraíso

Por un momento me olvidé para recordar, me ausenté para estar y desconecté para conectar.

Necesitaba volver, volver a ser yo. Hacía tiempo que no lo era, aunque parezca mentira la vida es corta, somos una estrella fugaz en el tiempo, estamos de paso aunque durante ese paso a nosotros nos parezca toda una vida, mucho tiempo que en realidad son sólo unos momentos. Y entre momento y momento nos olvidamos de nosotros mismos, de mirarnos hacia dentro y no a un espejo.

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Ámsterdam, Abril de 2017

Cuando llegamos a un lugar nuevo nos preocupa si conoceremos o no a gente nueva pronto, el tiempo justo para no sentirnos marginados, la necesidad de relacionarnos a veces nos ahoga. No todas las personas saben estar solas, disfrutar de su tiempo para ellos/as mismos/as, conocerse, curarse las heridas que nadie curará por ti y de hacer las cosas que nadie hará por ti. Una vez amueblado tu interior podrás invitar a alguien a tomar un café.

Olvida para recordar aquello importante que un día olvidaste y dejaste de escuchar en tu interior. Yo lo he hecho, aunque no haya dejado nunca de escucharme no hacía caso y simplemente ahora mismo es lo mejor que me hubiera podido pasar. Recordando recordé que me hacía sentir libre, que me daba la felicidad que necesito, que era y sigue siendo mi válvula de escape y que cuando más hago más quiero. Que sin darme cuenta ha sido el principio del fin y que las heridas cicatrizadas pero tiernas por dentro van cicatrizando de verdad. La felicidad de cerrar una puerta para abrir otra solo la entiende el que es capaz de afrontar y sanar. Que nada ni nadie puede tapar las cosas, porque tarde o temprano explotan.

Que bien sentir felicidad, que bien estar orgulloso de uno mismo porque superas los baches y sales del túnel. Es cierto que después de la tormenta llega la calma, aunque como todos sabemos la perfección no existe, la paz interior si y la felicidad en las pequeñas cosas también.

Sigamos viviendo y experimentando en este momento llamado vida.

Gracias.

P.D.: Para una persona que quiero mucho, que si yo pude tu también y que lo que vale la pena cuesta. Créeme que cuesta, pero llega. Un besazo Pu!

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Historias del metro

Es lo que tiene cuando levantas la vista y observas, decides dejar tú móvil en el bolsillo y quitarte los auriculares de los oídos. Tal vez sólo sea un 2% de la población los que se dedican a ello…creedme me baso en estadísticas recogidas durante días y horas acumuladas cada media de trayecto.

No sabes lo que te pierdes hasta que decides mantener todos tus sentidos en plena disposición y rendimiento.

Es hora punta, el metro es claustrofobico cuando nos tienen que empujar para poder subir, el metro espera, no sé a quien, pero enseguida lo averiguaré. Es un chico, digamos resultón, o sería la barba…ya no lo sé…lo que sí sé es que entra y justo se queda a dos dedos de mi, su aroma, que precisamente no era a azahar, casi me desmaya.

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Si, ya sé que estamos entrando en esa época del año que tan poco me gusta y que hace que lo que fue un refugio en invierno se convierta en tu peor pesadilla después de tu jornada laboral.

Mientras intento aguantar la respiración, entra una chica, es jóven, adivino que más que yo incluso, es guapa, tiene rasgos dulces que acompaña con un lazo a cuadritos rosa y blanco en el pelo, rollo “pinup”. En el metro hay un chico, bueno muchos, pero este en especial se fija en ella, son milésimas de segundo, ella se da cuenta y sonríe.

Él no es muy alto pero puede que tenga sus fans, con pantalones pitillo vaquero negros rajados por las rodillas, de vez en cuando levanta las piernas tipo caballo de rejoneo para dejar ver que tiene las rodillas tatuadas, puede y cabe la posibilidad que se trate de un nuevo rejoneo para ligar, pero yo en esas cosas no estoy muy puesta. Todo en su conjunto lleva un aire italiano, con sus gafas de pasta, zapatillas de deporte y bolso de marca, muy de cuando me dejé caer por la ciudad de la moda italiana.

Él la mira, aunque para su sorpresa detrás de ella le acompaña un maromo y por delante de ella un bombo. Está guapa, no puedo decir lo mismo de su maromo y él la sigue mirando, pero de diferente manera, como diciendo: – En serio estás con él?
Ella es cariñosa con su maromo, seguramente el padre de su bebé pero el maromo/padre no lo es tanto…parece fumado…son jóvenes, con edad de vivir otro tipo de aventuras, pero todo pasa por algo.

Él, el de estilo italiano, se baja en su parada, deja a los tortolitos viajando conmigo con el único punto en común entre él y ella, la marca del bolso. Pero un “Guess” une mucho, aunque hayan indicios de que al menos uno de ellos sea falso.

Gracias
Noelia

P.D.: Vivir es estar con los sentidos a pleno rendimiento, a veces no vemos lo que tenemos enfrente de nuestros ojos.

Me bajo en mi parada, primer blog a tiempo real.

De estreno

Hace casi un mes que estoy de estreno. Estreno nueva década, el tres concretamente. 

¿Qué cómo lo llevo? Pues la verdad no he notado mucho la diferencia entre los 29 y los 30, ese es el sentimiento que se tiene cuando cumples años, porque como pasa poco a poco no te das cuenta, pero el tiempo pasa…y pasa para todos. Y si, se notan. Se notan los años, las fotos lo dicen, y no eres la misma de ahora que la de 20, esas fotos de la universidad que no querías enseñar por nada del mundo, siempre te ves mal en las fotos, pero ahora las ves y no entiendes por qué te quedaste en su momento si estabas estupenda. 

Diez años después te ves estupenda porque ves la diferencia, es palpable e inevitable aunque sigas pensando y creyendo en la mayoría de momentos que sigues teniendo veinte años, pero sólo lo sientes. 

Te sientes joven, en verdad todavía lo eres, solo que no tanto…

Hay muchos factores con los cuales te das cuenta que los años pasan y con ellos tu evolución física y mental (aunque algunos la evolución mental la dejan para otros, llamémoslo generosidad), las canas, la flacidez, las arrugas, el hace veinte años que tomé la comunión, los reencuentros (cuando eres joven no necesitas eso, ni te lo planteas), que las bodas y los niños inunden tu pandilla, cuando te preguntan en qué año terminaste la carrera o peor aún…cuando empezaste, que la resaca te dura tres días y que ya no puedes salir por la noche, darte una ducha e irte a trabajar sin dormir, esas cosas forman parte del pasado, pero qué pasado…benditos años, bendita universidad que tanto deseabas abandonar y ahora que tanto desearías volver. 

Nunca nos parece bien el momento en el que vivimos, con la distancia te “arrepientes” de no haber disfrutado más o tal vez de no haber tenido tantas gilipolleces en la cabeza, esas idioteces que no te hacían disfrutar como tu crees. 

Lo que está claro es que seguramente nos vuelva a pasar lo mismo dentro de diez años, cuando volvamos a estrenar década.  Por ese motivo creo que voy a intentar vivir más el momento con la melena al viento. La mayoría de los placeres despeinan, así que ¡viva el pelo revuelto! 
Gracias 

Noelia 

P.D. Chicas, los veinte fueron buenos, pero los treinta serán mejores 🙂

Ese momento

Sí, estoy en ese momento.

Ese momento crítico o que al menos a veces lo parece, ese momento de cambio, de cierta incertidumbre, de replantearte la vida y de preguntarte si realmente quieres continuar así o no.

También ese momento en el que trabajas para los eventos y acontecimientos de los demás, y que mientras tanto…veo mi vida pasar…uy! ¿Pasar? Bueno si, la veo pasar pero no pasivamente aunque no tan activamente como me gustaría.

Esos eventos en esa edad, en ese momento crítico de la amiga soltera en las bodas de tus amigas y la amiga sin tener ni zorra idea de lo que regalar a un bebé o a varios a la vez…la amiga soltera que prepara despedidas de soltera, participa y va sin kínder sorpresa ni anillo.

Uy, uy, uy…que depresivo me está quedando esto o que Briget Jones, no? Aunque no es mi intención para nada, porque sinceramente me da igual, me da igual ser la soltera en las bodas y la inexperta en bebes. Seré el perro verde o la soltera de oro pero honestamente, ¡me encanta!  A punto de estrenar década me siento como hace diez años, o mejor…aunque necesite dos días para recuperarme de la resaca, sigo sintiéndome con menos años de los que tengo, todavía pienso que soy joven para hacer ciertas cosas e “hipotecar” mi vida, tal vez me estoy convirtiendo en la Peter Pan valenciana, que sigue soñando y volando como una niña pequeña, que me siguen ilusionando las pequeñas cosas y que me desmeleno y me vengo arriba escuchando mi música favorita.

Tal vez estoy en ese momento en el que me estoy dando cuenta de que yo encuentro la felicidad en otras cosas diferentes y que una de ellas es ver a mis amigas cumpliendo sus sueños, parte de mi felicidad es la de ellas, tenga la forma que tenga. Me encanta verlas felices el día de su boda o con un bebé dentro de sus barrigas con sus consecuentes noches sin dormir, lloros y pataletas. Yo creo que no sirvo para eso, al menos por ahora…Nunca digas nunca. Más de un “nunca” me lo he comido con patatas…

Estoy en ese momento en el que a punto de cambiar de década me he cambiado el color del pelo y tal fue el choque que me pasé un fin de semana entero sin salir de mi casa de la vergüenza que tenia de salir a la calle, ahora ya salgo a la calle y no, no me he quitado el “cambio radical” lo llevo puesto todavía, poco a poco parece que nos hacemos amigos.

Ese momento en el que los eventos de puesta de largo llenan mi agenda, pero ninguno es mío. En el que lo restante de mi tiempo lo sigue ocupando el trabajo y entre trabajo y evento me desmeleno, me vuelvo loca, me vengo arriba y viajo. Este año será el año que más viaje, así me lo he propuesto, porque yo lo valgo, porque es lo que me hace feliz, me hace feliz arruinarme porque viajo, y me hace feliz subirme a un avión, que se enciendan motores y masticar chicle para que la presión no reviente mis tímpanos.

Me da igual si alguien no lo entiende, no pido que me entienda nadie, solo pido que me dejen volar.

Y justo ahora, segundos antes de darle a “publicar” recibo esto de una queridisima amiga, nada más verlo, sin saber que era para mi, sabia que era yo. (Ya os lo enseñaré terminado)

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Gràcies!

Noelia

P.D.: Al final las mamis siempre tienen razón, un día la mia me dijo: Hija, tú eres pájaro en libertad y tienes que volar.

Tiempo

¿Qué precio creéis que puede tener el tiempo para vosotros? ¿Tiene realmente un precio? Para algunos su propio tiempo es oro y por eso no se lo dan a cualquiera, o eso dicen ellos…”No me hagas perder el tiempo, mi tiempo es oro” ¿Y qué valor tiene el oro? ¿Es el oro lo más valioso como para compararlo con tu tiempo? ¿Se puede convertir el tiempo en algo material tan fácilmente? ¿Se le da ese valor para venderlo? ¿Entramos en una espiral de consumismo y así poder comprar el tiempo? Podría seguir haciendo preguntas retóricas durante todo el post, pero creo que voy a dejar mis ralladuras mentales porque sino no voy a poder parar…esto es como “cuando haces pop, ya no hay stop”

Pero honestamente, ¿alguien lo ha pensado alguna vez? Yo muchas veces…no sé si es porque pienso muchas veces en muchas cosas o qué pero he llegado a la conclusión que es imposible ponerle un precio, un valor material a tu tiempo porque siempre estará por encima de todo eso. Las cosas que tienen más valor no son cosas, por lo tanto el mejor regalo no irá envuelto en papel sino en tiempo, en sonrisas, en abrazos, en una  mirada cómplice y por qué no en una cerveza o un café.

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En el trabajo nos pagan por nuestro tiempo, por algunos de nuestros conocimientos, dedicación, esfuerzo y experiencia. La mayoría de las personas no se sienten recompensadas monetariamente por el trabajo que realizan, pero ¿cuándo se estaría? El ser humano siempre quiere más, siempre necesita más, es un ser inagotable de necesidad. A veces una necesidad creada por otros, otra por una necesidad falsa y otras por una necesidad real. Si realmente nos pagaran por nuestro tiempo sería un cheque en blanco, ¿qué precio le pondríais? ¿Sería esa cifra suficiente por siempre? ¿O tendría fecha de caducidad? Por ese motivo si trabajas en algo que realmente te gusta y te hace feliz, siempre te sentirás mucho más recompensado.

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Al final estamos dejando pasar lo que realmente tiene valor, lo que realmente nos hace felices y lo que hace que la vida tenga sentido. Esos pequeños placeres que van envueltos de tiempo regalado, regalado a uno mismo, a los demás o a nadie en concreto y a todos en general, regalado a la vida, a la naturaleza, un tiempo que luego se convertirá en recuerdos, unos recuerdos que dejarán a un lado el bolso que llevabas ese día, el móvil que tenías o la ropa de marca que llevabas. Frena la espiral del estrés, del “no tengo tiempo”, para tenerlo. Tiempo experiencial. Tiempo compartido. Tiempo vivido. Tiempo que llevaba sin escribir.

Gracias

Noelia

P.D. Para todas las personas que nunca llevamos reloj, que pasamos de ser esclavos del tiempo a disfrutar de él.

Un paso más

Desde que volví a levantar la cabeza y ver la luz del sol, me di cuenta de que el tiempo estaba pasando, lo estaba dejando pasar más bien, y que sin darme cuenta estoy en los veintinueve, si veintinueve años. El tiempo ha pasado mucho más rápido de lo que esperaba y de lo que era consciente, y ahora soy consciente porque por un momento decidí pararme en seco en el camino, levantar la cabeza y mirar a mi alrededor.

En ese mismo instante tomé una decisión, vivir. No es que antes no había vivido, que sí pero había dejado de hacerlo hace casi un año. Vivir y despedir la década de los veinte a lo grande, con grandes experiencias y lleno de cosas que todavía no había hecho, lleno de “primeras veces” y eso me encanta! Porque como en mi tierra decimos: “lo que pasa no torna” y como a mi tampoco me gusta que me cuenten las cosas que prefiero vivirlas, ¡vivamoslas!

Lleno de primeras veces si…esas primeras veces que siempre recordarás y que pasan los años y se convierten en anécdotas que cuentas y que ya empiezas a decir que pasó hace 10 o 15 años….eso ya es un síntoma, ¡y serio!

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Creo que el karma, la vida, los astros o el universo han dicho: ¿querías primeras veces? Pues ahí va una…¿alguien recuerda su primera cana? ¿cómo fue ese momento? Pues bien, yo que me pavoneaba entre mis amigas porque yo NO tenía canas y no tenía la necesidad de tintarme para taparlas, ha llegado el momento…el momento no sé si esperado, pero que empieza a marcar un antes y un después. Como cuando te empieza a crecer el pecho, esas tetitas que parecen flanes de huevo y empiezas a utilizar “tops” con dibujos (el mio tenia una oca). Pues bien señores y señoras, mi cuerpo sigue evolucionando, el tiempo pasa para todos y me ha llegado el momento….esta mañana desenredandome el pelo y haciéndome una coleta, de repente en el nacimiento del pelo de mi frente me veo un pelo rebelde inusual en mi y blanco. Ignorante de mi e ilusa sin querer creer que era lo que era, me he mojado con agua ese pelo tres veces, no podía ser, tenía que estar pintado o crema de la cara o pasta de dientes o del cepillo del pelo o yo que sé! algo! algo que no fuera lo que era. Que ese blanco no se iba, había venido para quedarse. Pero necesitaba un doble “check” y un doble check azul de “leído y comprobado”, así que me dispongo a preguntarle a mi madre, en el primer momento ella no veía nada (con gafas y todo) y por una milésima de segundo pensé: vale ha sido una ilusión. Pero también pensé: a ver, ya sabes que tu madre no ve bien ni con gafas. No había terminado de pensar esto y de repente el doble “check azul”, mi madre: Ah! Pues si! Es una cana. Triple “check”!!!!! Una amiga de mi madre: Ay! si si si! Es una cana, si.

Ya está claro, no necesito un cuatro “check”, con tres tengo suficiente. Mi primera cana, y en la frente, ahí sin miedo.

Un paso más, mi naturaleza ha dado un paso más antes de los treinta.

¡Ojo! Con esto no quiero decir que esté depresiva y otra vez con la cabeza mirando hacia abajo, vivo el paso del tiempo como una experiencia, una de esas experiencias que me gustan vivir. Cada momento de la vida tiene su maravilla y ojalá pueda ver toda mi cabeza llena de canas, eso quiere decir que sigo viviendo experiencias y tendré miles de cosas que contar. ¡Y además que me queden bien! Una abuela moderna con el pelo blanco, mi esencia hippie que no se pierda.

La naturaleza es sabia.

Gracias.

Noelia

P.D.: A mis amigas con canas, creo que solo faltaba yo. ¡Ya estoy en el club!

Chipotle y cajeta

Por primera vez crucé el charco. El charco con puente pero sin cuerda de seguridad.

Tuve alas durante más de 11 horas seguidas, alas compartidas con casi 300 personas, desconocidas y en cada persona una historia o tal vez miles. Volé buscando la libertad, la libertad de resetearme, de darme yo a mi misma un empujón hacia la aventura de saber sin saber y volé encontrando la libertad que buscaba pero al mismo tiempo perdiendo la otra libertad que ya tenía.

Con esto me di cuenta sin pensar que incluso la libertad puede cambiar y ser diferente. Y entonces es para plantearse, ¿y yo? ¿qué tipo de libertad quiero?

Me refugié en la tierra de los mariachis, de los mayas y aztecas, de las tortillas de maíz, del café, del verde, blanco y rojo, y de la maravillosa gente, hospitalaria, amable, servicial, educada y entrañable.

Una de las cosas que más me gustaba y que extraño era desayunar en los portales de la ciudad de Córdoba, me encantaba. Normalmente lo más sencillo puede ser la mejor experiencia, los mejores momentos y por lo tanto los mejores recuerdos. Haber podido disfrutar del mes patrio en una familia maravillosa, tradición y cultura desde dentro. Lo amo.

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Libertades diferentes que parecen incompatibles en algunos casos, complementarias en otros y sustitutivas en algunos otros. Allí recordé muchas cosas que había olvidado, aprendí otras y valoré mucho más lo que tengo. Aunque lo último no tiene mucho mérito, ya que siempre que sales de tu zona de confort te das cuenta y valoras lo que tienes y lo afortunados que somos todos, pero con el tiempo se vuelve a olvidar y no está de más recordarlo de vez en cuando.

Yo voto por la libertad de poder ser, de pensar, de vivir, la libertad de la paz, del amor y de soñar.

Añadiendo en el mapa de “visto” un nuevo lugar maravilloso y pensando en el próximo…

Llamadme culo inquieto, mente inquieta y siempre con ganas de más. Si, pero “es lo que hay”. Buscando un punto de inflexión, un nuevo comienzo, encontré lo que olvidé hacer y lo que necesitaba. Ganas; de vivir, de hacer, de salir, de entrar, de viajar, de crear, de sonreír y lo más importante ir despidiendo la década de los veinte a lo grande. Si, lo sé aparento menos, nada más lejos que ayer me llevé la alegría de la semana, 24 años, esa es la edad que aparento, maravilloso!

Gracias.

Noelia

P.D.: Viva México!